Prólogo.
Sólo el ruido de los remos al chocar con el agua, rompe el silencio de la noche, una noche oscura y tenebrosa gracias a la niebla que lleva varios días descansando sobre el lago.
Mientras avanza hacia lo más profundo de aquella inmensidad de agua, reflexiona sobre la fragilidad de la vida, sobre cómo en un segundo alguien puede arrebatártela, alguien que se cree el dueño del reloj que va descontando segundos a tu existencia y decide pararlo, decide si tu vida continúa o se para de repente.
Cuando cree que ha llegado a la parte más oscura y abismal, empuja el cuerpo envuelto en una vieja alfombra, y espera hasta que se hunde por completo.
Capítulo I.
Unos días antes.
Susan mira el lago desde el porche de la cabaña, tiene la mirada perdida en las pequeñas olas que se forman en la orilla. Mientras da pequeños sorbos a su té caliente, los recuerdos felices de su infancia acuden a su mente. Aquellos veranos en familia, en los que disfrutaba de los juegos con sus hermanas y con el resto de niños que también pasaban allí sus meses de vacaciones.
Y piensa, qué tal vez no deberían existir los recuerdos, que se deberían borrar de nuestra mente, para que no nos hagan ver, lo infelices que podemos llegar a ser en la edad adulta.
Comienzan a caer pequeñas gotas de lluvia que la sacan de su ensoñación y se da cuenta de que está comenzando a anochecer.
Entra para atender el fuego de la chimenea, ha amontonado suficiente leña para mantenerla encendida toda la noche. Al final del otoño, las temperaturas son bastante bajas en esa zona de montaña, y sin embargo ha visto que hay luz en otras dos cabañas. Al menos no se sentirá tan sola.
Poco después, mientras toma algo de cena, oye un ruido en el exterior y ve que alguien la observaba desde una de las ventanas, no puede evitar gritar y correr hacia ella, y cuando la abre, ve correr a un desconocido en la oscuridad, mientras tiembla aterrada.
Susan mira el lago desde el porche de la cabaña, tiene la mirada perdida en las pequeñas olas que se forman en la orilla. Mientras da pequeños sorbos a su té caliente, los recuerdos felices de su infancia acuden a su mente. Aquellos veranos en familia, en los que disfrutaba de los juegos con sus hermanas y con el resto de niños que también pasaban allí sus meses de vacaciones.
Y piensa, qué tal vez no deberían existir los recuerdos, que se deberían borrar de nuestra mente, para que no nos hagan ver, lo infelices que podemos llegar a ser en la edad adulta.
Comienzan a caer pequeñas gotas de lluvia que la sacan de su ensoñación y se da cuenta de que está comenzando a anochecer.
Entra para atender el fuego de la chimenea, ha amontonado suficiente leña para mantenerla encendida toda la noche. Al final del otoño, las temperaturas son bastante bajas en esa zona de montaña, y sin embargo ha visto que hay luz en otras dos cabañas. Al menos no se sentirá tan sola.
Poco después, mientras toma algo de cena, oye un ruido en el exterior y ve que alguien la observaba desde una de las ventanas, no puede evitar gritar y correr hacia ella, y cuando la abre, ve correr a un desconocido en la oscuridad, mientras tiembla aterrada.
Capítulo II.
El día amanece soleado y Susan aprovecha a tomarse un café en el porche tapada con una manta. Apenas ha dormido, el miedo casi no la ha dejado conciliar sueño. Tal vez no haya sido buena idea venir sola a un lugar tan deshabitado en esta época del año, y sola a enfrentarse a los recuerdos que irá encontrando al recoger toda la casa.
Una vez termine su desayuno, visitará las cabañas en las que había visto el día anterior salir humo de la chimenea, quiere encontrar a la persona que la observaba.
Bien abrigada y acompañada por todo el valor que ha conseguido reunir, se dirige hacía la más cercana, la que recuerda como la cabaña de los Sullivan, un matrimonio siempre malhumorado al que no le gustaba verles rondar por allí cuando eran niños.
Se acerca a la puerta y llama, pero nadie contesta. Entonces comienza a rodear la casa por si hay alguien y no la han oído. Se para a observar por una de las ventanas, cuando oye a alguien que le dice con voz amenazante: ¡Fuera de mi propiedad o te pego un tiro!.
Cuando se gira, ve a un hombre con una escopeta apuntando hacia ella.
Una vez termine su desayuno, visitará las cabañas en las que había visto el día anterior salir humo de la chimenea, quiere encontrar a la persona que la observaba.
Bien abrigada y acompañada por todo el valor que ha conseguido reunir, se dirige hacía la más cercana, la que recuerda como la cabaña de los Sullivan, un matrimonio siempre malhumorado al que no le gustaba verles rondar por allí cuando eran niños.
Se acerca a la puerta y llama, pero nadie contesta. Entonces comienza a rodear la casa por si hay alguien y no la han oído. Se para a observar por una de las ventanas, cuando oye a alguien que le dice con voz amenazante: ¡Fuera de mi propiedad o te pego un tiro!.
Cuando se gira, ve a un hombre con una escopeta apuntando hacia ella.
Capítulo III.
Levanta las manos asustada, y camina despacio sin darle la espalda hasta que sale de su finca. Sin duda era el Sr. Sullivan, aunque le había costado reconocerle al principio. Su aspecto físico había sufrido un gran cambio en todos aquellos años que Susan no iba por allí. Aquel hombre fuerte que ella recordaba, se había transformado en un anciano encorvado, vestido con ropas sucias y con un pelo y barba grises y descuidados.
En cuanto sale de la finca, y con el susto todavía metido en el cuerpo, se dirige a la siguiente cabaña habitada, debe caminar un buen trecho, que aprovecha para recordar los lugares donde disfrutó jugando en su infancia. Nunca olvidará a su grupo de amigos con los que vivía aventuras de la mañana a la noche. Sólo recordarlo, hace que las lágrimas asomen a sus ojos.
Se limpia la cara con un pañuelo al oír ruidos que le indican que hay alguien cerca haciendo leña. Camina hacia allí y ve de espaldas a ella a un hombre joven y fuerte, y se queda un momento contemplando los musculosos brazos que sujetan el hacha. Hasta que se gira de depente y ella se queda paralizada cuando él la reconoce y le dedica una seductora sonrisa.
En cuanto sale de la finca, y con el susto todavía metido en el cuerpo, se dirige a la siguiente cabaña habitada, debe caminar un buen trecho, que aprovecha para recordar los lugares donde disfrutó jugando en su infancia. Nunca olvidará a su grupo de amigos con los que vivía aventuras de la mañana a la noche. Sólo recordarlo, hace que las lágrimas asomen a sus ojos.
Se limpia la cara con un pañuelo al oír ruidos que le indican que hay alguien cerca haciendo leña. Camina hacia allí y ve de espaldas a ella a un hombre joven y fuerte, y se queda un momento contemplando los musculosos brazos que sujetan el hacha. Hasta que se gira de depente y ella se queda paralizada cuando él la reconoce y le dedica una seductora sonrisa.
Capítulo IV.
Susan tarda unos segundos en reconocer a John, y se acerca a saludarle. Era uno de los integrantes de la pandilla que formaban en verano. Su aspecto físico ha cambiado significativamente desde la última vez que se vieron. Charlan amigablemente durante un momento, pero como le ve ocupado, le invita a cenar con ella para que así puedan hablar más cómodos.
Susan dedica el resto del día a recoger la casa, debe meter todo en cajas, ya que la agencia ha encontrado un comprador. Decidieron venderla al morir su padre, ya que ni ella ni sus hermanas, la querían.
Mientras se arregla para recibir a John, piensa en lo mucho que ha cambiado. Era el chico más tímido del grupo, siempre más débil y torpe que los demás. También recuerda, cuando él le pidió que fuese su novia, pero ella le rechazó. Esperaba que él no lo recordase tan bien como ella.
Cuando vio aparecer a John, con aquel pelo moreno perfectamente peinado, aquella camisa blanca que iluminaba más aún su amplia sonrisa... Susan fue consciente de que la noche iba a ser larga.
Capítulo V.
Durante la cena se cuentan qué ha sido de sus vidas en los últimos años, y descubren que ambos salieron de una relación tóxica hace tiempo y por el momento huyen del amor.
Se toman el postre en el sofá, frente a la chimenea, donde el ambiente se vuelve más cálido y se van sintiendo más cómodos y desinhibidos. Ambos son conscientes de la atracción que sienten el uno por el otro. Sus palabras se convierten en susurros al oído, sus cuerpos se van acercando más, hasta que Susan, mientras él le acaricia la mejilla, le besa apasionadamente.
Pero su beso se ve interrumpido por el sonido de un coche. Corren hacia la puerta, y ven alejarse el automóvil de Susan a toda velocidad, se lo acaban de robar.
Capítulo VI.
Después del susto del robo, pasan la noche juntos en la cabaña de Susan.
Al día siguiente, comerán juntos en casa de John y luego irán a poner la denuncia por el robo, con lo cual aprovecha la mañana para seguir recogiendo.
Cuando sale para ir a comer y pasa por delante de la cabaña del Sr. Sullivan, se da cuenta que hace al menos dos días que no le ve y decide comprobar que está bien.
Le llama desde el exterior, pero al no recibir respuesta y ver la puerta abierta decide entrar. Todo está en silencio, pero bastante revuelto. Va hacia la cocina y se lo encuentra allí, amordazado y atado a una silla, con signos de haber sido golpeado.
Inmediatamente le desata y le deja libre la boca, pero antes de que él pueda decir nada, aparece frente a ella un chico joven, empuñando una gran navaja.
Ella no sabe como reaccionar, sólo le mira a los ojos mientras se acerca lentamente, unos ojos verdes llenos de furia y odio, dispuestos a verla en unos segundos desangrándose en el suelo de la cocina.
Capítulo VII.
Pero de repente, Susan oye un sonido atronador a sus espaldas y ve como su atacante cae al suelo con el pecho lleno de sangre.
Se gira a su espalda, y se encuentra al Sr. Sullivan, con su escopeta de caza en la mano.
Acaba de salvarle la vida.
Se agacha y comprueba que el cuerpo del chico no tiene pulso. Entonces se dirige al señor Sullivan para curarle los golpes. Le quita la escopeta y le sienta en una silla.
Cuando encuentra algo con qué curarle, el viejo se deja hacer, sin protestar, sin articular palabra, hasta que de repente, dos lágrimas se deslizan por su cara y comienza a hablar.
"Este es mi único hijo, William. Mi esposa y yo, tardamos mucho tiempo en poder ser padres, ya éramos mayores cuando él nació. Para nosotros supuso una dicha muy grande, ya no necesitábamos más para ser felices.
William siempre había sido un buen hijo, cariñoso, responsable y como era muy buen estudiante, le enviamos a estudiar a la ciudad. Ingresó en un colegio, del que sólo regresaba en vacaciones y cada vez que volvía, notábamos cómo su carácter iba cambiando. Acabó siendo un adolescente violento, adicto a las drogas y al alcohol. Cuando la situación era ya insostenible, le ingresamos en varios centros de rehabilitación pero sin ningún resultado, él no ponía de su parte para curarse.
Así que se escapó del último en el que le dejamos, y desapareció durante muchos años hasta ahora, que había vuelto pidiéndome dinero. Me pasé varios días amordazado y siendo golpeado por mi propio hijo, para que le diese todo mi dinero, ya que su propia vida corría peligro a causa de sus deudas con las drogas. Ayer le robó su coche para poder irse en cuanto consiguiese lo que me pedía. Ahora todo este infierno se acabó".
FINAL.
El señor Sullivan nos pidió que no llamásemos a la policía, quería enterrar el cadáver de su hijo en el fondo del lago, dónde también descansaban las cenizas de su madre y así podría sentirlos a los dos cerca en los pocos años que le quedarían de vida.
Le ayudamos a envolver el cuerpo en una vieja alfombra, limpiamos toda la sangre que había en la casa y cuando anocheció subimos el cuerpo a una pequeña barca y él mismo se fue hacia lo más hondo del lago para llevar a su hijo junto a su madre.
John y yo continuamos juntos hasta que terminé de recoger la cabaña. Fueron días apasionados, en los que nos dedicamos a conocernos mejor, y a disfrutar del sentimiento que iba creciendo entre los dos.
Cuando me fui, no teníamos muy claro cómo continuaría nuestra relación, pero de lo que estábamos seguros era de que ambos seríamos los personajes de una hermosa historia
de amor.
Susan dedica el resto del día a recoger la casa, debe meter todo en cajas, ya que la agencia ha encontrado un comprador. Decidieron venderla al morir su padre, ya que ni ella ni sus hermanas, la querían.
Mientras se arregla para recibir a John, piensa en lo mucho que ha cambiado. Era el chico más tímido del grupo, siempre más débil y torpe que los demás. También recuerda, cuando él le pidió que fuese su novia, pero ella le rechazó. Esperaba que él no lo recordase tan bien como ella.
Cuando vio aparecer a John, con aquel pelo moreno perfectamente peinado, aquella camisa blanca que iluminaba más aún su amplia sonrisa... Susan fue consciente de que la noche iba a ser larga.
Capítulo V.
Durante la cena se cuentan qué ha sido de sus vidas en los últimos años, y descubren que ambos salieron de una relación tóxica hace tiempo y por el momento huyen del amor.
Se toman el postre en el sofá, frente a la chimenea, donde el ambiente se vuelve más cálido y se van sintiendo más cómodos y desinhibidos. Ambos son conscientes de la atracción que sienten el uno por el otro. Sus palabras se convierten en susurros al oído, sus cuerpos se van acercando más, hasta que Susan, mientras él le acaricia la mejilla, le besa apasionadamente.
Pero su beso se ve interrumpido por el sonido de un coche. Corren hacia la puerta, y ven alejarse el automóvil de Susan a toda velocidad, se lo acaban de robar.
Capítulo VI.
Después del susto del robo, pasan la noche juntos en la cabaña de Susan.
Al día siguiente, comerán juntos en casa de John y luego irán a poner la denuncia por el robo, con lo cual aprovecha la mañana para seguir recogiendo.
Cuando sale para ir a comer y pasa por delante de la cabaña del Sr. Sullivan, se da cuenta que hace al menos dos días que no le ve y decide comprobar que está bien.
Le llama desde el exterior, pero al no recibir respuesta y ver la puerta abierta decide entrar. Todo está en silencio, pero bastante revuelto. Va hacia la cocina y se lo encuentra allí, amordazado y atado a una silla, con signos de haber sido golpeado.
Inmediatamente le desata y le deja libre la boca, pero antes de que él pueda decir nada, aparece frente a ella un chico joven, empuñando una gran navaja.
Ella no sabe como reaccionar, sólo le mira a los ojos mientras se acerca lentamente, unos ojos verdes llenos de furia y odio, dispuestos a verla en unos segundos desangrándose en el suelo de la cocina.
Capítulo VII.
Pero de repente, Susan oye un sonido atronador a sus espaldas y ve como su atacante cae al suelo con el pecho lleno de sangre.
Se gira a su espalda, y se encuentra al Sr. Sullivan, con su escopeta de caza en la mano.
Acaba de salvarle la vida.
Se agacha y comprueba que el cuerpo del chico no tiene pulso. Entonces se dirige al señor Sullivan para curarle los golpes. Le quita la escopeta y le sienta en una silla.
Cuando encuentra algo con qué curarle, el viejo se deja hacer, sin protestar, sin articular palabra, hasta que de repente, dos lágrimas se deslizan por su cara y comienza a hablar.
"Este es mi único hijo, William. Mi esposa y yo, tardamos mucho tiempo en poder ser padres, ya éramos mayores cuando él nació. Para nosotros supuso una dicha muy grande, ya no necesitábamos más para ser felices.
William siempre había sido un buen hijo, cariñoso, responsable y como era muy buen estudiante, le enviamos a estudiar a la ciudad. Ingresó en un colegio, del que sólo regresaba en vacaciones y cada vez que volvía, notábamos cómo su carácter iba cambiando. Acabó siendo un adolescente violento, adicto a las drogas y al alcohol. Cuando la situación era ya insostenible, le ingresamos en varios centros de rehabilitación pero sin ningún resultado, él no ponía de su parte para curarse.
Así que se escapó del último en el que le dejamos, y desapareció durante muchos años hasta ahora, que había vuelto pidiéndome dinero. Me pasé varios días amordazado y siendo golpeado por mi propio hijo, para que le diese todo mi dinero, ya que su propia vida corría peligro a causa de sus deudas con las drogas. Ayer le robó su coche para poder irse en cuanto consiguiese lo que me pedía. Ahora todo este infierno se acabó".
FINAL.
El señor Sullivan nos pidió que no llamásemos a la policía, quería enterrar el cadáver de su hijo en el fondo del lago, dónde también descansaban las cenizas de su madre y así podría sentirlos a los dos cerca en los pocos años que le quedarían de vida.
Le ayudamos a envolver el cuerpo en una vieja alfombra, limpiamos toda la sangre que había en la casa y cuando anocheció subimos el cuerpo a una pequeña barca y él mismo se fue hacia lo más hondo del lago para llevar a su hijo junto a su madre.
John y yo continuamos juntos hasta que terminé de recoger la cabaña. Fueron días apasionados, en los que nos dedicamos a conocernos mejor, y a disfrutar del sentimiento que iba creciendo entre los dos.
Cuando me fui, no teníamos muy claro cómo continuaría nuestra relación, pero de lo que estábamos seguros era de que ambos seríamos los personajes de una hermosa historia
de amor.










